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Detrás de CIFRA Y SAL

  • Foto del escritor: José de la Gándara
    José de la Gándara
  • 20 ene
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 5 feb



Los hechos narrados en Cifra y Sal están, en su mayoría, basados en acontecimientos reales. Los nombres de los personajes principales y de muchos secundarios, así como las fechas y lugares, son históricamente fidedignos. La expedición geodésica al ecuador, el naufragio de la Wager, las operaciones de inteligencia encargadas a Jorge Juan por el marqués de la Ensenada, o las tensiones políticas en la Real Audiencia de Quito no son invención literaria: ocurrieron. Aunque en estas páginas han sido dramatizados con libertad narrativa, su raíz está en la historia.

El autor ha procurado encontrar un equilibrio entre el rigor documental y el pulso narrativo; entre los hechos verificados y las emociones posibles. Algunos anacronismos menores —como las apariciones anticipadas en unos años de la Escuadra del Tajo o del Real Giro— se han permitido con intención estilística o simbólica, sin alterar el espíritu general de veracidad.

Personajes como Jorge Juan, Antonio de Ulloa, La Condamine, Bouguer, Benjamin Keene o el duque de Bedford están construidos a partir de fuentes primarias y biografías contemporáneas. Incluso Alexander Campbell, figura histórica menos conocida, aparece aquí recreado a partir de una escasa documentación real, aunque su trayectoria y conflictos personales son fruto de la ficción.

La historia novelada no es solo lo que ocurrió: también es lo que pudo haber pasado, sin alterar lo acreditado por la historiografía. Y sobre todo, lo que vivieron aquellos que no firmaron tratados ni proclamaron victorias, pero arriesgaron su vida en misiones secretas, en nombres cifrados, en travesías sin gloria.

No hay ninguna prueba de que Jorge Juan y Alexander Campbell cooperaran en sus misiones como agentes. Y, sin embargo, coincidieron en el tiempo y en el espacio en más de una ocasión. La historia que pudo ser… o tal vez fue.

Eso es Cifra y Sal.

Este libro es también un homenaje a una época donde la ciencia era riesgo, la lealtad se medía en silencios, y el mar y las montañas eran más que paisajes: eran fronteras del poder.

 
 
 

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